Hay carreras que se corren y carreras que se heredan. La Carrera Panamericana pertenece a las segundas. Nació en 1950 para celebrar el tramo mexicano de la carretera que une el continente, duró cinco ediciones que la historia del automovilismo todavía recuerda y renació en 1988 como rally de autos clásicos sobre caminos abiertos. Porsche estuvo ahí desde el principio: sus resultados de 1952, 1953 y 1954 (con el 550 Spyder de Hans Herrmann ganando su clase y terminando tercero absoluto en la última edición original) bautizaron a la familia Carrera y, décadas después, al Panamera.

Por eso la edición XXXIX, celebrada del 16 al 22 de octubre, tenía para Porsche de México un peso particular: coincidió con sus 25 años en el país. La respuesta fue proporcional. Cerca de 30 vehículos de la marca se inscribieron en la ruta renovada de Tuxtla Gutiérrez a Zacatecas, unos 3,900 kilómetros por ocho estados y más de 170 municipios, de los que poco más de 530 son tramos de velocidad y cerca de 3,300 de enlace. «La Carrera Panamericana representa una de las expresiones más auténticas de la pasión por el automovilismo deportivo en México», dijo Camilo San Martín, director general de Porsche de México.

Tres pilotos oficiales, tres historias

Porsche de México alineó a tres pilotos oficiales. Benito Guerra Jr., con Jorge García Salmones como navegante, llevó el 911 RSR de 1983 con el número 521 en la categoría Histórica B Plus. Diego Cándano volvió por segundo año consecutivo con su hija Lú como copiloto a bordo de «Aquiles», un 911 de 1974 de la clase B Plus. Y Fernando «Fercho» Urquiza, en su quinta participación con la marca, condujo un 914-6 GT de 1973 en Histórica B, acompañado por Sergio Peralta.

La carrera, como corresponde, repartió suerte de manera desigual. Guerra Jr. ganó la Histórica B Plus con más de seis minutos de ventaja sobre sus rivales directos y terminó quinto en la clasificación general, un resultado notable para un auto con cuatro décadas encima. Cándano abandonó en la séptima etapa, después de una salida de camino que dañó los bajos de «Aquiles». Urquiza no pudo completar el recorrido por una falla mecánica que dejó daños severos en el motor del 914. Tres autos, tres desenlaces: así ha sido siempre la Panamericana.

Invitados en la etapa capitalina

La segunda etapa, de Veracruz a la Ciudad de México, sumó dos nombres conocidos fuera de los circuitos: los actores Renata Notni y Erik Hayser se integraron al equipo Porsche para ese tramo, uno de los más exigentes por el cambio de altitud y el tráfico de llegada a la capital. La llegada a la ciudad fue también el pretexto para La Fiesta de La Carrera Panamericana, la celebración que reúne a pilotos, participantes, clientes y coleccionistas cuando el convoy toca la Ciudad de México.

Hay carreras que se corren y carreras que se heredan. La Carrera Panamericana pertenece a las segundas. Nació en 1950 para celebrar el tramo mexicano de la carretera que une el continente,

La Serpiente: un GT3 que solo existe una vez

Fue en esa fiesta donde Porsche de México descubrió la pieza central de su aniversario: el 911 GT3 «La Serpiente», un ejemplar único desarrollado a través del programa Sonderwunsch (el nivel más alto de personalización de la marca) y el capítulo mexicano de Icons of Latin America, la colección de autos irrepetibles con la que Porsche Latin America celebra la diversidad cultural de la región.

La carrocería va en GTS Red, un tono del programa Paint to Sample que la marca asocia con energía, vitalidad y fuerza. Sobre él, pintada a mano en oro de alto brillo, recorre el auto la figura de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Patrones geométricos inspirados en la arquitectura zapoteca y mixteca acompañan el dibujo; el calendario azteca aparece en la carrocería y se proyecta en el piso al abrir las puertas, y los estribos iluminados muestran la bandera de México junto al emblema de los 25 años. Los rines del GT3 y algunos elementos exteriores van en negro para dar contraste. Adentro, piel negra, Race-Tex y detalles dorados continúan la paleta, con grabados y motivos discretos repartidos por la cabina.

Hay carreras que se corren y carreras que se heredan. La Carrera Panamericana pertenece a las segundas. Nació en 1950 para celebrar el tramo mexicano de la carretera que une el continente,

La elección del modelo no es menor. El GT3 es una de las expresiones más puras de la filosofía deportiva de Porsche, ingeniería derivada de la competencia, diseño inconfundible y carácter emocional, y el enfoque del proyecto fue reinterpretar la cultura mexicana con un lenguaje contemporáneo, no copiarla. Las líneas, superficies y proporciones siguen siendo las del 911.

Lo que significa un cuarto de siglo

Porsche llegó al mercado mexicano en 2001. Veinticinco años después, el país es uno de los mercados más relevantes de la marca en América Latina y el escenario donde, apenas dos meses antes de la Panamericana, la región conoció el nuevo Cayenne eléctrico. «Celebrar nuestros 25 años en el país durante este evento, con un proyecto como este, nos permite unir dos historias que comparten pasión, tradición y espíritu competitivo», resumió San Martín. Luis Santana, director de Marketing de Porsche de México, lo había anticipado en la presentación de la alineación: la Panamericana «representa una parte importante de la historia de Porsche en México».

En un rally donde cada año se mezclan 356, 911 y 914 con Studebaker, Lincoln y Volvo de otra época, la marca de Stuttgart decidió que su aniversario no se celebrara en una gala, sino en siete días de carretera, de sur a norte, como se ha hecho desde 1950. Y que el recuerdo de ese aniversario fuera un GT3 que, como la carrera misma, solo existe una vez.

Por Ricardo Cadena.