Atravesar el umbral de Encanto Fuego y Mar es, en esencia, abandonar el bullicio de la Ciudad de México para sumergirse en una narrativa donde los elementos cobran vida propia. Como invitados a esta travesía, descubrimos que el espacio no se limita a servir platos de excelencia, sino que propone un diálogo constante entre lo que sucede en el plato y lo que envuelve la mirada. El diseño arquitectónico se entrelaza con una propuesta multimedia de última generación, logrando que las paredes y las mesas respiren al ritmo de la cena, transformando una simple velada en un performance artístico de gran calado que evoluciona con cada tiempo del servicio.

La cocina de autor que aquí se despliega rinde un tributo honesto al producto en su estado más puro, dividiéndose en una dualidad fascinante que otorga nombre al recinto. Por una parte, el fuego se manifiesta a través de técnicas de brasa que rescatan la potencia del humo y la intensidad de los mejores cortes seleccionados, mientras que el mar aporta la contraparte de frescura y sofisticación con pescas que conservan la esencia más fina del océano. Es este equilibrio entre la fuerza del carbón y la delicadeza del producto marino lo que otorga a la carta una coherencia técnica envidiable, donde cada presentación es tratada como una pieza de arte que dialoga con el entorno digital.

Más allá de la impecable cristalería o el servicio que se anticipa a cada deseo del comensal, lo que realmente consolida a este lugar como el nuevo referente de Polanco es su capacidad de ofrecer una experiencia total y consistente. El uso del mapping no es un accesorio decorativo, sino un lenguaje sensorial que marida con los sabores para crear una atmósfera que cambia de piel conforme avanza la noche, permitiendo que el entorno se transforme mientras se degusta una propuesta culinaria de alto nivel. Es el escenario definitivo para quienes buscan trascender lo convencional, ya sea en una cena de negocios donde la impresión es vital o en una celebración íntima que exige un factor sorpresa inolvidable.

Encanto Fuego y Mar no es solamente una invitación a comer, es la confirmación de que la gastronomía contemporánea ha encontrado en la tecnología a su mejor aliada para conmover y asombrar. Al final de la jornada, uno no se retira simplemente satisfecho por el festín, sino con la vívida sensación de haber habitado un sueño gastronómico que, a partir de ahora, marca el estándar de lo que significa el verdadero lujo en el corazón de la capital.
Por Omar Silva.
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